domingo, 22 de mayo de 2011

Parte final: La estrella azul


Stephan intentaba continuar su almuerzo pero un sentimiento extraño se lo prohibía. Sentía, en cierto modo, culpabilidad por no compartir su almuerzo con aquel pobre niño. Y allí lo miraba, el niño seguía lamentandose por la mala suerte que le había tocado en aquel día en que se encontraba tan hambriento. Así paso un rato, hasta que fue tanta la incomodidad que le impedía comer en paz su almuerzo, que decidió dejar su hambre atrás y regalar su apetitoza refacción al niño. De esta forma Stephan se acercó a la mesa donde se hallaba el niño, intetnó hacer el mejor esfuerzo para mostrarse con una cara que no delatara su condición de habmriento, saco su almuerzo de la bolsa y se lo entregó. El niño al ver esto no dudó en aceptar la ofrenda que le estaban entregando. Era tanta el hambre que el niño tenía y tanta la emoción de poder comer que agradecidamente tomó la lasaña.

Posteriormente, Stephan regresó a la mesa junto a sus amigos y fingió no estar hambriento para que sus amigos no se preocuparan por él y se molestaran en prestrale algo de sus almuerzos.

Pasaron los minutos restantes del almuerzo y el timbre marcó el final del mismo. Todos alumnos regresaron a sus respectivas clases para recibir su próxima materia. La clase que le tocaría a Stephan sería formación musical, pero eso no le importaba en aquel momento. El hambre controlaba sus pensamientos y no podía pensar en nada más que en comida. Como torpe remedio para lidiar con el hambre que tenía, tomó la bolsa donde había guardado la lasaña y la olfateaba. Stephan se imaginaba que disfrutaba de aquel jugoso plato mientras manipulaba la bolsa para que desprendiera más olor. Desafortunadamene ocurrió algo que lo despertaría de la feliz fantasía que había creado en su mente. Y era que al manipular aquella bolsa, descubrió dos pequeños bultos ocultos en el interior de ella. Para despertar su curiosidad, decidió abrir la bolsa de cartón para ver que ocultaba. Allí dentro encontró aquella piedra brillantina que había estado persiguiendo los últimos días. Solo que ahora se encontraba junto con otra muy parecida a ella.  En esos momentos, como ya había mencionado, Stephan se encontraba muy hambiento, pero había notado que esa sensación de falta de comida no era la única que habitaba en su cuerpo. Tenía en sí una sensación de paz y de conformidad. Esa sensación que poseía en aquelmomento era la había estado buscando  al evitar cualquier relación con la estrella o con las piedras brillantinas, y era sorprendente pensar que a través de ellas halla podido encontrar la solución a su problema.  Ahora él se encontraba tranquilo, y a pesar de las perturbaciones que el hambre le producía en su estómago, estaba viviendo un momento de paz interiror.

Ese día depués de haber regresado a su casa tras la misma rutina de siempre, decidió encajonarse en su habitación y meditar sobre lo que había sucedido. En esta ocación decidió no ignorar ningun acontecimiento ocurrido, ya que cualquiera de ellos podría ser solución al misterio que vivía. Entonces recordó cuando, en ese mismo día iba en camino a la escuela. Recordó que había visto a la estrella de un modo diferente a las anteriores ocaciones: esta vez la había visto tan de cerca y tan detalladamente, que había logrado ver su constitución. Y si su memoria no le fallaba, la estrella estaba conformada de esas mismas piedras que él tenía en su mano, esas que él había encontrado en la bolsa de cartón donde llevaba la lasaña. También recordó aquella vez en la que encontró la primera piedra; ese día en el que ayudó a esa pequella niña a jugar con sus amigos. Fue allí donde encontró una solución. Se dio cuenta que cada vez que sacrificaba un poco de sí mismo para un bien ajeno ganaba esas pequeñas piedras que tanto le causaban felicidad.

Pero aun quedaba por resolver otra incógnita: ¿qué diferencia había entre la felicidad que le producía aquella estrella y la que le producían las diferentes piedras azules brillantinas que se encontraba? Y se dio cuenta que el sentimiento que obtenía al ganar cada piedra era temporal, ya que después de unos minutos o unas horas desaparecía, pero cuando unía todas esas pequeñas piedras para ir formando poco a poco su propia estrella, la felicidad perduraba y aumentaba gradualmente.

Y fue de esta manera, que Stephan decidió dedicarse a cazar todas estas piedras, ya que mientras más de ellas poseía, más feliz era él.

Pasaron varios meses y Stephan, tras realizar una gran cantidad de buenas acciones, había reunido suficientes piedras para confromar su propia estrella. Era hermosa, era su tesoro, pero aun así no se conformaba con ella. Ahora quería perfeccionarla cada vez más, de modo que llegará a ser la estrella más hermosa de todo el universo, la estrella que causara más paz y felicidad en la existencia. Y así lo hizo, durante toda su vida (en la escuela, en la universidad, en el trabajo, en el matrimonio y en la vejez) continuó adornando a sus estrella de esas piedras brillantinas, hasta el punto que llegó a poseer la estrella más hermosa de todo el universo, o por lo menos, lo era para él.

Quizas nosotros debamos ser como Stephan. Buscar de esas pequeñas piedras brillantinas que se ocultan en la vida para crear nuestra propia estrella, nuestro propio tesoro. Esas pequeñas partes de tesoro las podemos encontrar en todos lados, desde nuestro diario obrar, hasta en la inocencia de un rostro infantil, como fue en el casó de Stephan al ver a aquella pequeña niña con el pedazo de tesoro en su sonrisa. Toda buena acción que realicemos en esta vida será una de esas pequeñas piedras que guardemos en nuestra estrella, para cuando llegue la hora de nuestra muerte, poder alcanzar esa estrella y gozar de todoas sus riquezas.

Existirán varios problemas que se nos presenten en la búsqueda de nuestras piedras, habarán varias ocaciones que nos dificulten la búsqueda de nuestra estrella. Debido a ello, tendremos que fortalecernos y convertirnos en auténticos cazadores del bien.

Todos necesitamos de un guía, de un modelo que nos de una idea de cómo seguir el camino correcto y de no perderse en los erroneos. Por esta razón es bueno guiarse con una estrella ajena, una que sea más perfecta y más completa que la nuestra, y así poder mejorarnos nosotros mismos. Stephan se guió con una estrella, ¿de quién era esa estrella?, no tiene relevancia; lo importante es saber elegir la estrella correcta para no ser mal enseñados o mal guiados.

Por ello es que devemos ser como Stephan y enamoranos de nuestra estrella, es decir, enamorarnos del bien. ¡Pobre aquel que no contruya su estrella de piedras brillantinas! , porque cuando muera, no podrá gozar de la paz y la felicidad que ellas producen.

sábado, 7 de mayo de 2011

3era parte


Después de una alegre y entretenida conversación entre amigos, la campana que marcaba el fin del recreo sonó, así que Stephan y sus compañeros regresaron a clases. Durante clases Stephan se volvió a preguntar qué habría ocurrido con esa pequeña piedra brillantina que tanto le gustó. Se pasaba pensando en las utilidades que podría darle a esa piedra. Podría usarla como joya y hacer que las mujeres del colegio se acercaran a él para ver la piedra, o podría venderla a un alto precio a un coleccionista. Pensaba en lo bueno que sería tener esa piedra y lo feliz que estuviera si lo tuviera en su poder. Estos deseos no duraron por mucho tiempo, ya que el profesor de historia, que era la clase que se encontraban recibiendo en ese momento, interrumpió sus pensamientos tras preguntarle algo sobre la lectura que habían leído ese mismo día en clase. Stephan estaba algo confundido pero tras dar una fugaz visión al libro asumió la respuesta y la contestó.

Al finalizar el colegio Stephan fue a tomar su bicicleta para regresar a su casa. Ya que el parqueo de la escuela se encontraba del lado norte de la ciudad y la casa de Stephan al lado sur, Stephan tenía que pasar frente a la entrada del colegio siempre al retirarse en su bicicleta. Cuando estaba pasando frente a la escuela notó que saliendo de ella estaba la niña a quien había ayudado. Ella iba acompañada de dos compañeras de su clase, las cuales platicaban y se reían con ella. Era claro que la niña había creado nuevas amistades con sus compañeros de clase. Mientras Stephan miraba todo esto, fue sorprendido por una pequeña luz que broto del labio de la niña. Mientras Stephan avanzaba, iba cambiando de ángulo visual de la imagen, lo cual le permitió ver que era esa pequeña luz que miraba. ¡Era la misma piedra que había perdido, y por la cual había estado soñando todo ese día de clases! La piedra se encontraba entre ambos labios de la niña, alineada al lado izquierdo de los mismos. Era extraño ver que la niña no sintiera nada al tener una piedra entre la boca ni que sus compañeros se dieran cuenta que la tenía. Y aun más extraño ver que esta piedra no se caía de allí cuando la niña abría la boca para hablar. Pero lo que sorprendió más a Stephan fue que cuando dio la vuelta para dirigirse a la niña y pedirle la piedra, esta había desaparecido. Muy decepcionado, Stephan regresó a su casa sin su piedra soñada.

Al entrar a su casa saludo a sus padres que estaban platicando en el vestíbulo y subió a su cuarto a descansar un rato. En su cuarto se tumbó sobre su cama y se puso a pensar sobre ese día tan extraño que había tenido. Ciertamente a Stephan le llamaba la atención y le gustaba tener experiencias nuevas, pero esas que le estaban ocurriendo en aquel tiempo, eran demasiado extrañas para comprenderlas.

Pensaba en las extrañas apariciones y desapariciones de la piedra, pensaba en la relación que esta pudiera tener con esa pequeña niña, pensaba en el hecho de haber ayudado a la niña, pensaba en muchas cosas, mas no pudo descifrar  alguna solución para aquel problema suyo. Así que se puso a pensar en otra cosa, pensaba ahora únicamente en la niña. En la sonrisa que él había producido en ella. Stephan se sentía muy bien, se sentía conforme y feliz. Haber producido aquel bien a esa pobre niña que tan solo necesitaba una ayuda para socializar, le satisfació  tanto que llego o olvidarse de las preocupaciones de aquella piedra brillantina.

Al siguiente día, como cualquier otro, se levantó, se lavó los dientes, bajó a desayunar, subió a cambiarse, se despidió de su madre y se dirigió a la escuela en su bicicleta. En el camino disfrutaba del sereno del final de la noche chocar contra su piel y del frío de la mañana pasar por entre sus ropas. Era un ambiente fresco el que vivía Stephan en ese momento. No pensaba en nada, solo dejaba llevarse por los estímulos de su imaginación. Miraba a su alrededor y sentía estar en un mundo perfecto. Miraba las nubes pasar sobre él y dejar su sombra atrás, miraba a los árboles y las plantas que adornaban los caminos y las calles, hasta miraba las abejas sacar la miel de las plantas. Era un entorno hermoso, todo era paz en aquel momento. Dentro de tanta tranquilidad, Stephan empezó a notar un brillo extraño reflejado en el asfalto. Instantáneamente subió la mirada y allí estaba, era la misma estrella que Stephan había visto anteriormente. Esta vez se podía distinguir con mayor claridad. Esto quizás era porque la estrella estaba más cerca o quizás por la claridad del día, ciertamente Stephan no se ponía a pensar en ello, solo contemplaba la belleza y la luminosidad de aquella bella estrella. Toda la  atención de Stephan estaba dirigida hacía aquel esa extraña estrella. Pero lo que sorprendía más a Stephan era la constitución de esta estrella, esta estaba conformada por muchas pequeñas piedras azules brillantinas, todas parecidas a la misma piedra que él había encontrado al ayudar a aquella niña. Stephan quedó impactado por el hecho de ver la relación que la piedra y la estrella guardaban. Estos dos objetos eran lo más extraño que le había ocurrido a él y era increíble que ambos estuvieran relacionados. Ahora lo que faltaba por entender era por qué es que él había  visto un fragmento de aquella estrella tirado cerca de aquella niña si la estrella se encontraba en todo su esplendor y no había parte ni piedra alguna que le faltara. Era extraño para Stephan que tan solo un día atrás el había encontrado, aparentemente, un fragmento de aquel astro y ahora él lo estaba viendo sin ninguna piza faltante. Era inútil seguir pensando en ello, no había manera de entender aquella extraña situación, así que Stephan decidió seguir disfrutando del paisaje y olvidarse de la brillante estrella que aun permanecía a su frente.

Stephan siguió contemplando el paisaje de sus alrededores, disfrutaba de toda la serenidad de la situación. Poco a poco la estrella se fue alejando y subiendo, hasta el punto que desapareció del paisaje y de la vista de Stephan.

Todo ocurrió demasiado rápido, de manera que cuando todo regresó a la total normalidad, Stephan ya estaba llegando al parqueo de su escuela. Stephan no le dio mucha importancia a esta anormalidad y decidió entrar a clases como que si nada hubiese pasado; con la esperanza de tener un día común y corriente, lejano a cualquier otra anormalidad.

El día escolar transcurrió normal. Stephan había olvidado los problemas que había tenido y estaba viviendo un verdadero día corriente. Para muchos quizás esto será lo que intentan evitar. Muchos buscan tener un día especial y extraordinario, para nunca olvidarlo. En este caso era diferente, Stephan quería tener un día completamente común, un día más en su vida que no marcara la diferencia de cualquier otro día que había vivido. Desafortunadamente, esto no pudo ser posible para él por el hecho que estaría por ocurrirle nuevamente.

Había llegado la hora del almuerzo y Stephan estaba muy hambriento. Stephan solo estaba esperando a llegar a la cafetería con sus compañeros y empezar a comer el delicioso almuerzo que su madre le había preparado (lasaña). Mientras él y sus amigos caminaban en los pasillos su apetito se hacía cada vez más grande. Al momento de entrar en la cafetería Stephan y sus amigos buscaron asiento y se prepararon para comer. Justo un momento antes de que Stephan pudiera dar una mordida, un niño de la mesa del lado botó accidentalmente su almuerzo regándolo todo por el suelo y produciendo un gran ruido. Cuando Stephan vio esto se levanto y ayudo al niño a recoger su almuerzo, lo cual fue imposible ya que se había restregado demasiado por el suelo y ya no tenía sentido recogerlo para comerlo. El niño agradeció a Stephan por ayudarlo y le expresó su tristeza por haber perdido su almuerzo, ya que este también tenía mucha hambre. Stephan no pudo más que consolarlo y regresarse a su mesa para comer al fin su lasaña.