Stephan intentaba continuar su almuerzo pero un sentimiento extraño se lo prohibía. Sentía, en cierto modo, culpabilidad por no compartir su almuerzo con aquel pobre niño. Y allí lo miraba, el niño seguía lamentandose por la mala suerte que le había tocado en aquel día en que se encontraba tan hambriento. Así paso un rato, hasta que fue tanta la incomodidad que le impedía comer en paz su almuerzo, que decidió dejar su hambre atrás y regalar su apetitoza refacción al niño. De esta forma Stephan se acercó a la mesa donde se hallaba el niño, intetnó hacer el mejor esfuerzo para mostrarse con una cara que no delatara su condición de habmriento, saco su almuerzo de la bolsa y se lo entregó. El niño al ver esto no dudó en aceptar la ofrenda que le estaban entregando. Era tanta el hambre que el niño tenía y tanta la emoción de poder comer que agradecidamente tomó la lasaña.
Posteriormente, Stephan regresó a la mesa junto a sus amigos y fingió no estar hambriento para que sus amigos no se preocuparan por él y se molestaran en prestrale algo de sus almuerzos.
Pasaron los minutos restantes del almuerzo y el timbre marcó el final del mismo. Todos alumnos regresaron a sus respectivas clases para recibir su próxima materia. La clase que le tocaría a Stephan sería formación musical, pero eso no le importaba en aquel momento. El hambre controlaba sus pensamientos y no podía pensar en nada más que en comida. Como torpe remedio para lidiar con el hambre que tenía, tomó la bolsa donde había guardado la lasaña y la olfateaba. Stephan se imaginaba que disfrutaba de aquel jugoso plato mientras manipulaba la bolsa para que desprendiera más olor. Desafortunadamene ocurrió algo que lo despertaría de la feliz fantasía que había creado en su mente. Y era que al manipular aquella bolsa, descubrió dos pequeños bultos ocultos en el interior de ella. Para despertar su curiosidad, decidió abrir la bolsa de cartón para ver que ocultaba. Allí dentro encontró aquella piedra brillantina que había estado persiguiendo los últimos días. Solo que ahora se encontraba junto con otra muy parecida a ella. En esos momentos, como ya había mencionado, Stephan se encontraba muy hambiento, pero había notado que esa sensación de falta de comida no era la única que habitaba en su cuerpo. Tenía en sí una sensación de paz y de conformidad. Esa sensación que poseía en aquelmomento era la había estado buscando al evitar cualquier relación con la estrella o con las piedras brillantinas, y era sorprendente pensar que a través de ellas halla podido encontrar la solución a su problema. Ahora él se encontraba tranquilo, y a pesar de las perturbaciones que el hambre le producía en su estómago, estaba viviendo un momento de paz interiror.
Ese día depués de haber regresado a su casa tras la misma rutina de siempre, decidió encajonarse en su habitación y meditar sobre lo que había sucedido. En esta ocación decidió no ignorar ningun acontecimiento ocurrido, ya que cualquiera de ellos podría ser solución al misterio que vivía. Entonces recordó cuando, en ese mismo día iba en camino a la escuela. Recordó que había visto a la estrella de un modo diferente a las anteriores ocaciones: esta vez la había visto tan de cerca y tan detalladamente, que había logrado ver su constitución. Y si su memoria no le fallaba, la estrella estaba conformada de esas mismas piedras que él tenía en su mano, esas que él había encontrado en la bolsa de cartón donde llevaba la lasaña. También recordó aquella vez en la que encontró la primera piedra; ese día en el que ayudó a esa pequella niña a jugar con sus amigos. Fue allí donde encontró una solución. Se dio cuenta que cada vez que sacrificaba un poco de sí mismo para un bien ajeno ganaba esas pequeñas piedras que tanto le causaban felicidad.
Pero aun quedaba por resolver otra incógnita: ¿qué diferencia había entre la felicidad que le producía aquella estrella y la que le producían las diferentes piedras azules brillantinas que se encontraba? Y se dio cuenta que el sentimiento que obtenía al ganar cada piedra era temporal, ya que después de unos minutos o unas horas desaparecía, pero cuando unía todas esas pequeñas piedras para ir formando poco a poco su propia estrella, la felicidad perduraba y aumentaba gradualmente.
Y fue de esta manera, que Stephan decidió dedicarse a cazar todas estas piedras, ya que mientras más de ellas poseía, más feliz era él.
Pasaron varios meses y Stephan, tras realizar una gran cantidad de buenas acciones, había reunido suficientes piedras para confromar su propia estrella. Era hermosa, era su tesoro, pero aun así no se conformaba con ella. Ahora quería perfeccionarla cada vez más, de modo que llegará a ser la estrella más hermosa de todo el universo, la estrella que causara más paz y felicidad en la existencia. Y así lo hizo, durante toda su vida (en la escuela, en la universidad, en el trabajo, en el matrimonio y en la vejez) continuó adornando a sus estrella de esas piedras brillantinas, hasta el punto que llegó a poseer la estrella más hermosa de todo el universo, o por lo menos, lo era para él.
Quizas nosotros debamos ser como Stephan. Buscar de esas pequeñas piedras brillantinas que se ocultan en la vida para crear nuestra propia estrella, nuestro propio tesoro. Esas pequeñas partes de tesoro las podemos encontrar en todos lados, desde nuestro diario obrar, hasta en la inocencia de un rostro infantil, como fue en el casó de Stephan al ver a aquella pequeña niña con el pedazo de tesoro en su sonrisa. Toda buena acción que realicemos en esta vida será una de esas pequeñas piedras que guardemos en nuestra estrella, para cuando llegue la hora de nuestra muerte, poder alcanzar esa estrella y gozar de todoas sus riquezas.
Existirán varios problemas que se nos presenten en la búsqueda de nuestras piedras, habarán varias ocaciones que nos dificulten la búsqueda de nuestra estrella. Debido a ello, tendremos que fortalecernos y convertirnos en auténticos cazadores del bien.
Todos necesitamos de un guía, de un modelo que nos de una idea de cómo seguir el camino correcto y de no perderse en los erroneos. Por esta razón es bueno guiarse con una estrella ajena, una que sea más perfecta y más completa que la nuestra, y así poder mejorarnos nosotros mismos. Stephan se guió con una estrella, ¿de quién era esa estrella?, no tiene relevancia; lo importante es saber elegir la estrella correcta para no ser mal enseñados o mal guiados.
Por ello es que devemos ser como Stephan y enamoranos de nuestra estrella, es decir, enamorarnos del bien. ¡Pobre aquel que no contruya su estrella de piedras brillantinas! , porque cuando muera, no podrá gozar de la paz y la felicidad que ellas producen.